Este post no lo escribo solo como profesional, sino como alguien que acaba de cerrar un ciclo de diez años. El pasado 24 de diciembre de 2025 se publicó el artículo-eje de mi tesis doctoral, defendida en 2021. ¿Y por qué tanto tiempo? Pues la vida, supongo (y una necesidad de tomar aire).
El artículo Nutritional status, body composition and their relationship with quality of life prognosis in multiple myeloma patients: a prospective and longitudinal study (disponible aquí en pdf si no tienes acceso) se ha publicado porque era una deuda. Era un compromiso por cumplir con quien confió. Gracias a esa gente, hoy se puede afirmar con datos una sospecha:la composición corporal es un predictor de cómo se puede vivir el Mieloma Múltiple.
¿Por qué el peso es un mentiroso?
Históricamente, en oncología importó sólo si alguien perdía peso. Una perspectiva cuantitativa. Si la báscula no baja, «todo va bien». Sin embargo, esto era sólo una verdad a medias. A día de hoy sabemos que no es tan importante «cuánto se pierde» sino «de qué se pierde». Y ahí la composición corporal y los métodos de valoración de la masa muscular recogerán un testigo heredado de esa perspectiva cuantitativa, siendo únicamente el peso sin más detalle una métrica incompleta.
En nuestro caso, durante el seguimiento de un año a 47 pacientes con Mieloma Múltiple, observamos que lo que realmente impactaba en su bienestar no era «sólo» el número total de kilos, sino la calidad de esos kilos. Aquí entran en juego conceptos que debemos empezar a normalizar en las plantas de hematología y oncología.
Claro que es algo que ya se empieza a recoger en algunas guías. Pero no era así desde luego en 2015-2016, cuando se desarrolló y comenzó este trabajo, pese a que ya defendiera que era importante mirar más allá del peso utilizando un criterio novedosísimo, el de la ESPEN de 2015, que ahora cumple también una década. Claro que es algo que cae por su peso, pero sin embargo sigue sin evaluarse de forma efectiva.
Claro que ahora es fácil decir que es evidente, pero os aseguro que en 2015 no era tan fácil romper el paradigma pesocéntrico.
El escudo muscular
En el estudio, los pacientes con indicadores de composición muscular más bajo (técnicamente, IMLG o Índice de Masa Libre de Grasa) reportaron sistemáticamente una peor calidad de vida. El músculo no es solo para movernos, es un reservorio de «ganas de hacer cosas» y un regulador endocrino (productor de otras sustancias, sin necesidad de entrar en detalle). Esto además se puede presentar por contraposición: cuando la masa muscular cae, hay más fatiga y peor tolerancia (mayor toxicidad: más síntomas) de los tratamientos. De nuevo, algo que se sabre sobradamente para otras enfermedades.
Sin embargo, la métrica cuantitativa en sí también es insuficiente, porque cuando se evalúa una masa muscular baja ya estamos llegando tarde. Por eso, también utilizamos la fuerza de agarre (handgrip strength) como marcador. Los datos fueron claros: la pérdida de fuerza precedía al empeoramiento de la calidad de vida. Es una herramienta sencilla, barata y que predice deterioro a menor puntuación pero, sobre todo, que ayuda a que nos adelantemos, como también sabemos para otras enfermedades. De nuevo, puede entenderse por contraposición: si un día hay menos fuerza, también hay menos autonomía, o seguramente tu percepción de salud es menor. Piensa en el día que tienes fiebre, o un día que estás con catarro, o cualquiera similar. La sensación de la reducción de la «capacidad de hacer cosas» es como podría definirse esta reducción de fuerza, un parámetro cualitativo.
Algo que ahora puede prevenirse, señalar antes de que ocurra el fenómeno «de la cama al sofá».
El intraestudio y la evolución durante la enfermedad
El estudio dividió a los pacientes según si la enfermedad estaba activa o no (quiescente). El Mieloma Múltiple es una de las pocas enfermedades donde puede darse una comparativa entre quien está con una medicación más frecuente y limitante, frente a quien con la misma enfermedad no tiene el tratamiento, actuando como grupo control. La función de esta ventaja metodológica es básicamente aislar los efectos para la el estado nutricional de la medicación, en diferentes líneas de tratamiento progresivas.
Y ocurrió lo que era de esperar: mientras que los pacientes asintomáticos mantenían una estabilidad relativa, aquellos con enfermedad activa (sintomáticos) sufrieron declives marcados en parámetros de composición corporal en periodos cortos. A priori, era de esperar que aquellos de líneas superiores (al llevar más tiempo de tratamiento) pudieran tener peor estado general, por lo que la progresividad en las líneas terapéuticas (LdT, en el trabajo) tiene que entenderse como una línea de tiempo.
Pero, dentro de quienes tenían la enfermedad activa, ¿quién empeoraba más y qué explicación le dimos? Básicamente, aquellos que podían tener menos masa muscular (tuvieran o no una «desnutrición» clásica medida por IMC) o aquellos que tenían más cintura (más exceso de masa grasa) o peor dato de fuerza muscular. Es decir, las variables de composición corporal explican mejor quién empeoró, por encima de otras clásicas, como únicamente el peso.
Esto nos indica que la intervención nutricional no debe ser reactiva, sino proactiva. No se debe esperar a que el paciente pierda músculo o pese menos de X, o pierda Y peso; se debe proteger desde el diagnóstico, adaptando las pautas la situación de partida y con el objetivo claro de mejorar o mantener la masa muscular.
De la clínica a la práctica
Si eres profesional de la salud, persona afectada o familiar, hay tres puntos esenciales que buscamos aportar con este trabajo:
- El músculo predice síntomas de forma inversamente proporcional, más relacionados con fatiga. Más es mejor, en este caso. Preservar o mantener la masa muscular, la clave. Y esto se consigue ingresando suficiente. Indicadores que evalúen la masa muscular garantizan tener más información sobre cómo evitar un mayor deterioro evitando una pérdida mayor o la pérdida gradual que la edad o los tratamientos suelen conllevar.
- La cintura importa. La distribución de la grasa influye en, sobre todo, peor tolerancia a tratamientos, en relación a sintomatología o cansancio, o peor percepción en general de salud. Reducir la masa grasa total cuando coincida con malnutrición por exceso (esto es, sobrepeso u obesidad) siempre va a ser buena idea. En este sentido algo tan sencillo como medir la cintura y proponer como objetivo que eso se reduzca da mucha información: si se reduce (en el contexto de exceso) será buen indicador.
- La composición corporal cambia mucho más rápido de lo que pensamos durante el tratamiento, y cuando este es activo (en el caso de Mieloma Múltiple, en aquellos casos donde la enfermedad lo está) posiblemente no baste con comer de la mejor forma. Combinar pautas de alimentación suficiente y adaptada a los síntomas debe combinarse con actividad. De nuefvo algo que en 2025 suena a perogrullada, pero una foto que en 2015 costaba ver junta (y continúa costando).
Diez años después, este artículo sale del cajón para seguir remando sobre que la nutrición en oncología y hematología (¿o será ya Nutrición Oncológica?) es mucho más que «comer de todo». Es alimentar una arquitectura precisa donde el músculo es el pilar de carga de la calidad de vida.
Limitaciones
Como todo en la ciencia (y en la vida), este estudio no es perfecto y tiene sus limitaciones, algo que se debe reconocer para seguir avanzando. En primer lugar, el número de pacientes fue modesto (47 personas), lo que nos obliga a ser cautos a la hora de generalizar estos resultados a todo el mundo; necesitamos estudios aún más grandes para confirmar que estas tendencias se mantienen en cualquier hospital del mundo, pero la ciencia a veces se gana por asedio: muestra la tendencia global, así que no vamos desencaminados.
Además, aunque la tecnología que usamos (como la bioimpedancia o la dinamometría) es excelente para el día a día en consulta por su rapidez, existen métodos todavía más precisos (pero mucho más costosos y complejos) que nos darían un detalle milimétrico de la grasa y el músculo. También, diez años dan para mucho, y los tratamientos para el Mieloma han evolucionado desde que recogimos los primeros datos; aun así, la base biológica sigue siendo la misma: proteger tu composición corporal siempre será una inversión segura, independientemente de la línea terapéutica que se utilice o el momento de la enfermedad.
Resumen gráfico
Utilizando las herramientas que actualmente existen, hasta alguien sin gusto ni con capacidad de tener la gama cromática completa puede hacer este tipo de resúmenes, así que allá va para quien piense que una imagen es mejor que mil palabras:

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