Bajo el título “Nutrición basada en la evidencia en cáncer de pulmón: mitos, realidades y estrategias” participé en el primer curso ICAPEM joven, para oncólogas y oncólogos de esta área, y dar la vara con temas de qué comer.
Al margen de resumir las ideas principales para quien pueda ayudar, dejo para las asistentes presentación y bibliografía.
Entonces, ¿qué le conté a esta buena gente?
El tumor que apaga el hambre
El cáncer de pulmón se caracteriza por ser uno de los tumores que más afecta al apetito. No es solo una falta de ganas de comer por desánimo; existe una base biológica donde el tumor incrementa señales inflamatorias (como la IL-6 o el TNF-α) que inhiben el hambre y alteran la respuesta del cerebro ante la comida.
Dicho en técnico, reduce la expresión de estímulos orexigénicos (que potencian el apetito), altera cómo se procesan los estímulos ante alimentos y promueve la falta de apetito (anorexia).
No es sólo “cuánto” peso se pierde, sino “de qué”
A esto se añade un estado pro-catabólico que incrementa las necesidades de energía y proteína justo cuando la capacidad de comer está más comprometida. El resultado es predecible: pérdida de masa muscular.
Y, ay, históricamente nos hemos centrado en el porcentaje de pérdida de peso y el peso como un todo. Por eso, hoy sabemos que la masa muscular es el principal factor pronóstico, y debemos movernos en un escenario doble que a muchas personas aún les cuesta entender:
- Se puede tener un IMC “normal” y estar en una situación de riesgo si hay una pérdida severa de músculo (sarcopenia).
- Detectar esta pérdida mediante herramientas sencillas como la dinamometría (fuerza de agarre) es fundamental para anticiparse a complicaciones.
¿Comer más o comer mejor?
En el ámbito de la alimentación, ideas de prevención primaria han invadido constantemente pautas de prevención terciaria. Esto no es en sí malo, pero hizo que “bien” esté por encima de “suficiente” o, simplemente, se hablen idiomas distintos a la hora de pensar qué es este “bien”.
Me explico: en momentos de compromiso nutricional, para comer “bien” será más importante comer “suficiente” que comer “saludable”. Perdonad, lo explico de otra forma: más nueces y menos espinacas, a lo mejor (cuando se aterriza en alimentos siempre se tendrá que personalizar al extremo, permitidme el ejemplo para humanizar lo técnico).

Esto ocurre porque nuestro estómago tiene un límite, hay alimentos más saciantes que otros y las prioridades son distintas. En concreto, en el cáncer de pulmón, las prioridades deberían ser:
- Aumentar el consumo de proteína hasta lo más similar a 1,5g de proteína por kg de peso. Aunque las guías y los ensayos siguen debatiendo el suelo de las recomendaciones en 1,2 y 1,5.
- Alcanzar un mínimo de aporte calórico, donde de nuevo hay debate sobre el suelo: seguro que más de 30, ¿pero establecer el mínimo en 35? Esto es lo que nos dicen los ensayos, aunque las guías se resisten al generalizar y priorizar “adaptar al estado nutricional de origen”.
En mi opinión, alcanzar los techos de forma óptima y sencilla es lo más prioritario, para detener cualquier tipo de pérdida pero, sobre todo, considerando que las personas vendrán con una pérdida de peso asociada a cómo se comporta la enfermedad. Pero, sin culpabilizar si no estamos llegando: 33 o 1,3 es objetivamente más que 32 y 1,2, y esto es más fácil de conseguir reduciendo volumen y aumentando alimentos que no son verduras, y no pasa nada. Tampoco es cuestión de eliminar las espinacas, es cuestión de adaptar la alimentación a qué necesitan las personas con las que estamos trabajando en este momento.
Para eso estamos las Dietistas-Nutricionistas.
Para llevarse a casa
Si hay que dejar tres mensajes prácticos de esta ponencia:
- Primero, usar más la dinamometría. No hace falta DXA ni BIA para saber que hay un problema muscular: el agarre de mano es suficiente para detectar cuándo hay que actuar.
- Segundo, priorizar la suficiencia antes que la perfección. En momentos de compromiso nutricional, el primer objetivo es que la persona cubra necesidades. La calidad nunca a costa de la cantidad.
- Tercero, buscar la ventana. La intervención temprana, idealmente antes de que empiece el tratamiento, multiplica el impacto de lo que se haga después. Con psicología y ejercicio, más.
Y como siempre: derivación o barbarie.

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