En abril salió en Nutrición Hospitalaria el que fue el TFG de Cristina Rodríguez-Criado, y que publicamos con Rocío Gavilán-Díaz. La pregunta que quiso responder cabe en una línea: ¿sirve de algo aportar inmunonutrientes a personas que van a operarse de un cáncer colorrectal? Y si sirve, ¿cuáles, cuándo y a quién?
Inmunonutrientes, que no es lo que estás pensando
Soy la generación actimelízate. Pero no va por ahí (y nunca fue por ahí). Los llamados inmunonutrientes son eso mismo, nutrientes, pero que además de nutrir tienen la capacidad de modular la respuesta inmune y la inflamación, con un efecto casi farmacológico en ciertas dosis.
Seguro que si te retrotraes a 2020, te hablaron de la vitamina D. O a lo mejor también merendabas un gramo de vitamina C para no tener gripe en invierno. Con esto no quiero validar ideas que requieren mucho contexto, pero sí mencionar anécdotas conocidas donde dar más cantidad de la que se indica como ingesta diaria de referencia (IDR, o la cantidad que cubre las necesidades para el 97,5% de la población sana), podría tener ventajas por sus efectos en la modulación del sistema inmune.
En el contexto del cáncer colorrectal, los candidatos habituales son cuatro: arginina, glutamina, nucleótidos y omega 3. Y entonces, ¿darlos más (más, en cuanto a cantidades más habituales de las que aportará una dieta normal), podría mejorar algún resultado clínico? (que esto, los resultados clínicos, es a lo que venimos).
Por qué una revisión
Para plantear cambios en el abordaje, se tiene que revisar todo el bosque. Además, una revisión es una primera puerta a plantear un protocolo de acción. En este sentido, revisamos 22 estudios publicados entre 2000 y 2025: 20 ensayos clínicos y 2 observacionales, con 2.881 pacientes. Había de todo: combinaciones distintas, vías diferentes, momentos distintos y, en el fondo, heterogeneidad.
Esto siempre es un mal comienzo, porque la diversidad sólo es buena cuando abunda la información. No era el caso. Esto invoca el típico hacen falta más estudios, pero sí que nos permite ver en qué dirección deberían avanzar la información nueva, para que no llueva sobre mojado y nos permita seguir ahondando en el campo.
En este sentido, de los 13 ensayos que midieron complicaciones (1.332 pacientes), los resultados favorables se concentran en los que usaron fórmulas combinadas: arginina + omega-3 + nucleótidos, arginina + omega-3 o alanil-glutamina. Braga y Horie las daban 5 días antes, Manzanares 8 días antes, Moya 7 días antes y 5 después, y Oguz, con alanil-glutamina parenteral, en torno a 6 días antes y 5 después. Lo que más bajó fue la infección de la herida, y en otros la estancia hospitalaria (en 4 de 12, en los otros 8 no hubo cambios).
En resumen, las fórmulas combinadas se asociaron a menos complicaciones postoperatorias o, dicho de otra forma,la suplementación con nutrientes aislados no muestra tanto beneficio. Sin llaneros solitarios. Por otra parte, la temporalidad es importante, y el patrón apunta a que la fase preoperatoria cuenta.
Y digo esto delllanero solitario porque el omega-3 es probablemente el inmunonutriente con mejor prensa, pero en solitario en estos casos no redujo las complicaciones. Además, los estudios que lo evaluaron aislado estaban entre los de mejor calidad metodológica de la revisión. En un ensayo pequeño, de 35 pacientes, el grupo con omega-3 intravenoso tuvo incluso más infecciones urinarias y fugas anastomóticas, aunque a día de hoy existen dudas sobre si los efectos antiagregantes son realmente los que creíamos (por ejemplo, comprobado en pacientes con cirugía cardíaca). Es decir, que en este caso no es sólo cuánto, también cuándo dar, o dejar de hacerlo.
Hay un segundo matiz, quizá más importante. Casi nadie valoraba bien el estado nutricional antes de operar, y solo cinco de los 22 estudios aplicaban el protocolos de recuperación intensificada (llamados protocolos “ERAS”), que es, de hecho, el marco recomendado para empezar a trabajar desde hace 20 años y que se sigue arrastrando en las guías desde entonces. Por ejemplo, en uno de los ensayos con mejores resultados, 27 de los 42 pacientes estaban desnutridos.¿El beneficio venía de la arginina o simplemente de comer más? No lo sabemos. Las dosis tampoco ayudan: la arginina variaba entre 4 y 12,6 g al día según el estudio, y varios trabajos ni siquiera la reportaban con claridad.
Qué implica esto en la práctica
Si se indica inmunonutrición, la evidencia apunta a fórmulas combinadas. Un suplemento de omega-3 aislado (o casi cualquier otro, entiéndase el ejemplo) “por si acaso” no tiene respaldo, en este contexto pre o perioperatorio. Si se indica, parece que las más importantes son fórmulas con arginina, omega-3 y nucleótidos, por vía oral, empezando al menos 5-7 días antes de la cirugía.
En cualquier caso, hay que valorar el estado nutricional antes de la cirugía y no solo después. Sin ese dato no sabemos a quién beneficia ni por qué.
A pacientes y familias: no compréis cápsulas por vuestra cuenta antes de la operación. Preguntad al equipo si os conviene una fórmula y cuál. El cómo, el cuánto, el qué, el dónde y hasta cuándo. Todo es importante.
Para cerrar
Esta revisión no zanjaun debate de décadas, pero sí afina la pregunta. Hacen falta ensayos más grandes, con criterios homogéneos y honestos sobre la evolución de las personas y no sólo determinados marcadores bioquímicos, que midan el estado nutricional igual que la estancia hospitalaria, sobre todo porque si mejoramos cómo estamos mejorará nuestra calidad de vida, y seguramente cómo nuestro sistema inmune se esfuerza por salir cuanto antes del declive postoperatorio.
Parece obvio que un ensayo de suplementación debería informar de la dosis que suplementó, pero aquí estamos.
Puedes consultar el texto completo de nuestro artículo aquí o buscándolo así:
Rodríguez-Criado C, Gavilán-Díaz R, Cabañas Alite L. Immunonutrition in surgical patients with colorectal cancer: a systematic review. Nutr Hosp 2026;43(4):904-913. DOI: http://dx.doi.org/10.20960/nh.06378


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